AFRODITA
En la mitología griega, Afrodita es la diosa del amor, la lujuria, la belleza, la sexualidad y la reproducción. Aunque todos los desconocedores de la historia antigua la conocemos simplemente por "la diosa del amor", conviene aclarar que este amor no tiene un sentido romántico o cristiano, sino puramente físico, lujurioso, sexual. Afrodita es, por tanto, la diosa del amor erótico.
Nació esta deidad de la mismísima espuma del mar cuando Crono derrotó a Urano en la Titanomaquia, le cortó los genitales con una hoz, y los arrojó al mar cerca de Pafos, en Chipre. Incluso ya amputado, este miembro viril originó en el oleaje una blanca y espesa espuma de la que surgió una bellísima doncella, ya adulta, que es la que nos ocupa, y que la mitología romana bautizó como Venus. Cualquier representación artística de Afrodita nos muestra una joven tremendamente bella y voluptuosa que tenía además, el don de enamorar perdidamente a cualquier hombre que la mirara a los ojos. Tanta belleza preocupaba a Zeus, quien para evitar disputas entre los dioses, decidió casarla con Hefesto, el feo, malhumorado y severo dios del fuego y la fragua, que tuvo que soportar la infidelidad continuada de su esposa Afrodita, quien prefería regalar su cuerpo a Ares, dios de la guerra, o yacer en noches interminables de amor junto a Adonis...
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No hace falta consultar ningún diccionario etimológico para deducir entonces que un alimento "afrodisíaco" será cualquier alimento, ya sea sólido o líquido, que nos aproxime, aunque sea de manera remota y por extraños vericuetos de nuestra imaginación, a la posibilidad de disfrutar de un encuentro sexual.
Desde el afortunado momento histórico en el que Adán y Eva decidieron probar el fruto prohibido del Árbol del Bien y del Mal y fueron desterrados del Jardín del Edén, para empezar a divertirse de verdad "ahí afuera", la especie humana no ha dejado de preocuparse por disfrutar al máximo de la sexualidad, unida o no al amor espiritual. Por eso ha dedicado buena parte de sus esfuerzos de investigación a encontrar hierbas, mejunjes y pócimas que pudieran ayudar al frágil atributo masculino a mantenerse enhiesto el mayor tiempo posible, así como a aguijonear la libido de las féminas perezosas. Así pues, desde tiempo inmemorial, los alimentos con propiedades afrodisíacas han gozado del estatus de "imprescindibles" en las cocinas de todos los mortales que no tenemos demasiados problemas de conciencia en lo que a erotismo se refiere.
Para una persona enamorada un poco de la Química, resulta innegable la credibilidad de todos los estudios científicos que otorgan tal o cual poder a tal o cual sustancia presente en un alimento, pero no puedo negarme a la poética de creer también que el auténtico poder afrodisíaco de un ingrediente está ya presente en la sola idea de comprarlo para prepararlo y/o disfrutarlo en pareja, así como en su precio: cuanto más elevado sea éste, más sugerente nos resultará. Me explico: aunque nos parezcan deliciosos, nada de erótico tienen unos mejillones al vapor de 2,95 €/kg si los comparamos con unas ostras recién abiertas, frescas, húmedas, brillantes y turgentes, a 2,95€/unidad..... Díganme ustedes: ¿cómo podría competir un envase de 2kg de huevas de trucha, con dos escasas cucharaditas de caviar iraní? ¿o qué podría hacer un canapé de paté de campaña frente a una rebanadita de pan de pasas con un exíguo pedacito de foie de canard encima? ¿acaso nos apetece más una botella de vino tinto común o una botella de un caldo por el que hemos pagado una buena suma? Hemos invertido esas cantidades de dinero (imprescindible, eso sí, que se adapten a nuestras posibilidades o perderán su poder estimulante; tampoco queremos pasar toda la velada recordando lo que vamos a tener que trabajar para hacer frente a la deuda); hemos invertido esas cantidades de dinero, decía, pensando, imaginando y deseando un encuentro amoroso de proporciones cósmicas, y éso es lo que le otorga su carga erótica: hemos hecho un esfuerzo económico a cambio de lo que esperamos que resulte un éxito. Sin embargo -no faltaba más-, cosas tan baratas y sencillas (y a menudo difíciles de encontrar) como ver a mi hombre cocinar unos simples espaguetis, o verle ceñirse un delantal y deslizar el cuchillo con delicadeza por la superficie de un jamón, pueden ser suficientemente sugerentes... ¿Cómo podríamos mantener una elevada nota en Erotismo si todos los sobresalientes estuvieran supeditados a un dispendio monetario contínuo? ¡Sólo faltaba que las grandes noches de amor costaran una fortuna! mi economía familiar no me lo permitiría...
Según mi opinión, aun a riesgo de que pueda ser equivocada, los alimentos afrodisíacos lo son de verdad, y basan su fama en los resultados: son estimulantes, o hacen segregar endorfinas, o activan la circulación sanguínea, etc, etc. Pero sostengo que la erótica de una comida o una bebida está también en nuestras expectativas cuando la compramos, la elaboramos y la consumimos.
Mención aparte para el capítulo de los gustos: ni que decir tiene que por muy avalado y elevado que sea el poder afrodisíaco de un ingrediente, no conseguirá nada en nuestra libido si nos disgusta ingerirlo. Es una cuestión que cae por su propio peso, es indiscutible que si algo nos causa náusea, no nos animárá en absoluto a acometer ninguna empresa erótica. Es indispensable que nos gusten su aspecto, su color, su aroma y su sabor, y lo que encanta a unos puede causar rechazo en otros. De ese modo, y por difícil que me resulte creerlo, habrá por ahí alguna persona que no coma ostras, incluso ningún otro delicioso monstruo marino; habrá quien prefiera comer sesos de cordero en lugar de hígado de pato; habrá quien prefiera un refresco de cola a una copa de vino blanco alemán; habrá quien no entienda qué puede tener de afrodisíaco una sencilla pizza de hongos porcini recién horneada en una trattoria de Volterra... Cuestión de gustos, ya digo.
Lo que sí parece una verdad universal, común a todos los tratados de gastronomía erótica, es que todos los alimentos afrodisíacos emanan delicados y sugerentes aromas, ya sean dulzones, especiados, frutales o marinos. Ya sabemos todos de la importancia del sentido del olfato en el erotismo. Leí en mi libro de cabecera ("Afrodita", de Isabel Allende, no podía ser otro) una de las frases más sencillas pero elocuentes de los últimos tiempos: el mal aliento es el anti-afrodisíaco más potente que existe. No lo olvidemos nunca!!
Y otra cualidad indispensable en todos los alimentos afrodisíacos es su alta digestibilidad. Ningún amante dispuesto a ejercer se puede permitir grandes proezas en el dormitorio si en el comedor ha disfrutado un menú delicioso pero poco digestivo: prueba después de un cocido, o de una fabada, o de un codillo de cerdo, o similares... Seguro que el único objetivo del baile tras el menú pantagruélico de las bodas del pasado era ése: aligerar la digestión de los protagonistas de la fiesta, y garantizar con ello una buena actuación en el recién estrenado escenario marital. Que se estropee todo por culpa de la ingesta excesiva de alcohol durante dicho baile es otro asunto que merecería todo un blog aparte...¡Cuánto daño le han hecho las barras libres al amor carnal!
Ustedes háganme caso: compren alimentos con ilusión, cocinen con alegría, perfumen con moderación su piel y sus guisos, beban sin excesos y hagan el amor SIEMPRE como si fuera la última vez. Todo esto junto sí que es afrodisíaco !!!
Hay 24 habitaciones en la abadía para examinar, mientras que en el exterior hay 28 acres de jardines divinos que incluyen una hermosa lechería china del siglo XVIII. https://lrt-editions.com/15-mejores-cosas-que-hacer-en-milton-keynes-buckinghamshire-inglaterra/
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