Antonio y Duna consiguieron convencernos (sin mucho esfuerzo, la verdad) algunos meses antes, en verano, para ir con ellos a Roma. Habían conseguido unos vuelos a un precio muy interesante (y con un nivel de confort próximo a 0, por lo tanto) y un Bed&Breakfast con buena pinta y muy bien situado, en Via Nazionale, cerca de Termini. A ver, no era exactamente una escapada de alto standing, pero lo mejor no era el presupuesto limitado, sino hacerla con Duna y Anto, nuestros "niños"... Una escapada con ellos siempre es una apuesta segura... Su viaje duraba unos cinco días, pero nosotros sólo disponíamos de tres: viernes, sábado y domingo. Nos decidimos a encontrar los vuelos y otra habitación en su B&B. Lo conseguimos y hala, a esperar con impaciencia casi cuatro meses a la fecha de salida.
Lo único que tiene de bueno el paso inexorable del tiempo es precisamente eso: que no deja de pasar... De modo que, aunque parecía imposible, llegó el 20 de noviembre y Daniel y yo volamos a Roma, donde nos esperaban los "sorellos", que habían llegado allí un par de días antes. Era la primera vez para ellos tres, yo había estado allí en Roma en varias vidas anteriores, y en septiembre de un año antes, en 2008. Volver a Roma siempre es una fiesta para mí; seguro que para cualquier persona cabal también lo es, pero lo que resultó aún mejor fue hacerlo con Dunita y Antonio, y sobre todo con Daniel (que no consiguió en ningún momento del viaje sacudirse de encima el "fantasma" de su reciente despido, un mes atrás...).
Disfrutamos como niños, es la verdad... Guardamos un montón de fotos y otro montón de momentos inolvidables...
Uno de ellos, sin duda, fue la cena en Ivo a Trastevere, un restaurante famosísimo en este distrito encantador, con precios populares y mesas apeguñadas, camarer@s hiperactivos y exceso de público. Recuerdo que pedimos en los entrantes varias especialidades típicas romanas que nunca habíamos probado... Todas riquísimas y algunas, además, un poquito pesadas, demasiado contundentes.... Pero hubo un bocado extraordinario que nos enamoró a los cuatro de inmediato: las flores de calabacín fritas (fiori di zucca o zucchini fritti), que fueron lo mejor de toda la cena, al menos para mí. ¡Menudo descubrimiento!, nunca antes en mi vida había oído hablar sobre este manjar, y juro por la indecencia política y moral de Berlusconi, que no dejaré de probarlo siempre que tenga la ocasión, ya sea porque aparezcan en la carta de algún restarante, ya sea porque encuentre estas maravillas de la huerta en el puesto de algún mercado.
¡¡Fiori di zucca por siempre!!
INGREDIENTES:
-Flores de calabacín para todos los afortunados que las vayan a comer: unas tres o cuatro por afortunado...... o unas seis o siete...-Tantos bastoncitos de mozzarella como flores
-Tantas mitades de anchoa como bastoncitos de queso
-Un huevo
-Cerveza fría (una para la masa de rebozado y otra para quien la prepara, así las flores quedan más esponjosas)
-Harina, unos 100-125 gr
-Aceite de oliva abundante, para freír. Hay quien recomienda el de cacahuete, pero no sé explicar por qué ni dónde comprarlo, ni a qué precio...
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ELABORACIÓN O CAMINO CORTO HASTA EL CIELO:
Una vez compradas las flores (tarea que ya te adelanto que no es ni fácil ni barata), desembálalas, contémplalas, deléitate con su belleza sencilla y frágil, y comprueba si has tenido la suerte de que te hayan tocado con mini-calabacín incorporado en el tallo: también se come!!
Asegúrate de que tienes un rato sin prisas ni estress para prepararlas, estas pocholadas son extremadamente delicadas, se rompen con mucha facilidad. Da igual si las que has comprado tú son machos o hembras: se comen por igual. Deben de ser el único ser vivo comestible cuyo ejemplar femenino no supera con creces a su equivalente masculino... Ábrelas con toda la delicadeza que seas capaz de poner; imagina que tienes en tus manos un recién nacido (salvando todas las diferencias, claro...que nadie se me ofenda...). Dependiendo de su género, encontrarás en su interior estambres o pistilo. Da igual, encuentres lo que encuentres, retíralo con cuidado de no romper nada...
Una vez amputados los órganos sexuales, las pasamos por el chorro de agua fría con más cuidado aún del que habíamos tenido hasta ahora, y después de lavarlas, las secamos con un papel de cocina o algo así. Separamos bien lo gigantescos pétalos que forman un saquito e introducimos en él un bastocito de mozzarella y una anchoa (media en realidad). Cerramos de nuevo la flor e intentamos enrollar los extremos de los pétalos para que no se salga el relleno.
Por otra parte, en un bol mezclamos el huevo, la harina y una cantidad apropiada de cerveza. Mezclamos bien y añadimos cerveza o harina, según nos vaya haciendo falta una de las dos para lograr un puré cremoso y denso, pero no sólido. Ha de tener una consistencia liquida, pero que permita apoyar las flores y éstas no se hundan, se queden en la superficie.
Vamos sumergiendo en la mezcla cada trofeo, y de ahí las pasamos al aceite bien caliente para quese doren, las sacamos a un plato cubierto con papel absorbente, espolvoreamos con sal y............
.................. lloramos de puro placer!!!
Aún conservo ese delicioso sabor en mi memoria... fue una experiencia religiosa!!! más aún que la visita al Vaticano... jijiji
ResponderEliminarLa verdad es que fue un viaje mágico, no solo por esa maravillosa ciudad, a la que volvería y volveré todo el rato, sino por la compañía que fue inmejorable...
Gracias por compartir esa aventura con nosotros!!!
Os quiero